Parque Nacional de Nikko: Templos, bosque y tradición

· Nikko: Fé, cultura y naturaleza ·

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Visitamos el Monumento Nacional de Nikko durante uno de sus principales eventos. Recorremos los templos más importantes de este santuario y nos adentramos en sus bosques.

A las buenas tardes!

En la entrada de hoy exploramos el pueblo de Nikko, el parque nacional dedicado a los templos budistas y sintoistas (y mezcla de los mismos) más importantes de Japón. Dedicamos a este pueblo el último día de viaje en la zona de Tokio en primer lugar porque (a pesar de estar en restauración) es un sitio que merece la pena visitar y en segundo lugar porque está muy cerca de la ciudad.

Para llegar a Nikko hay dos posibles maneras:

  • Con JR Pass: Coger el Shinkansen (tren bala) hasta Utsuonomiya y después un tren local de JR hasta Nikko
  • Sin JR Pass: Coger la línea Tobu desde Asakusa hasta Nikko (trayecto directo)

Una vez en la estación de Nikko empezamos la travesía:

  • Nikko: Un poquitín de historia:

Nikko (literalmente traducido, luz del sol) es un pueblo situado en la prefectura de Tochigi, al norte de Tokio.

El primer templo en Nikkō, llamado Shihonryu-jifue fundado por el sacerdote budista Shodo Shonin en el año 766 que, de acuerdo a la leyenda,  llegó a Nikkō tras cruzar el río Daiya sobre el lomo de dos serpientes, enviadas por el dios Jinjaou, que se transformaron en el puente de la primera foto bajo el texto.

Alrededor de Shihonryu-ji florecieron los asentamientos humanos y otros templos budistas y sintoístas. Shihonryu-ji pasó a llamarse Rinno-ji cuando se convirtió en un templo de la secta budista Tendaishū en el siglo XVII.

Durante los siguientes nueve siglos, Nikkō creció como un centro espiritual, hasta que el shōgun Tokugawa Ieyasu lo escogió como el lugar para levantar su propio mausoleo. El mausoleo, llamado Tōshōgū, fue construido por su nieto, Tokugawa Iemitsu, en 1634. Este construyó el mausoleo con el máximo de esplendor que le fue posible, pues su intención era utilizarlo como una forma de reflejar la grandeza y el poderío del clan Tokugawa, y así impresionar a sus rivales.

En los siguientes siglos continuó la construcción del resto de templos presentes en la zona, para darle al complejo el aspecto que tiene en la actualidad.

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  • Nuestro recorrido:

Tras nuestra primera experiencia en los famosos trenes bala de Japón, llegamos a la estación principal de Nikko. Paseamos por el pueblo en dirección al complejo (también se puede coger el autobús) hasta llegar al Shin-kyo, el puente que se sitúa justo en la entrada a los templos.

Subimos la enorme escalinata de piedra y las rampas hasta entrar en la zona. El día que hicimos la visita se celebra, anualmente, la recreación de la procesión funeraria del Shogun Tokugawa Ieyasu, por lo que (a pesar de ir bastante pronto) la zona estaba bastante abarrotada y todo estaba preparado para dicho evento.

En los bordes del camino principal se encuentran los principales templos o los accesos a los mismos. Prácticamente todos los templos importantes tienen algún elemento en restauración, especialmente el Rinno-ji, cuya restauración se prevé terminar en 2019 y está totalmente cubierto por un andamio. Sin embargo, los trabajos de restauración no limitan la experiencia de visitar la zona, por lo que recomiendo visitarlos.

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Antes de entrar en el Toshogu-gu, esperamos un poco en las barandillas habilitadas para ver subir al templo a los participantes en la procesión, que iban ataviados para la ocasión y repartían ramas de bambú a los espectadores. Le cedí amablemente la mía a una señora japonesa que estaba esperando a ver la procesión (ella sabía mejor que yo lo que significaba). Tras esto nos acercamos hasta el Toshogu-gu, compramos la entrada y accedemos al recinto.

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Antes de visitar el recinto principal visitamos la zona de la entrada del templo, en el que son especialmente curiosos los bajorelieves de los edificios. Según la guía, los grabados de los elefantes en uno de ellos los hizo un artesano sin haber visto nunca uno. Mientras cada miembro de la procesión se ponía en su puesto, decidimos esperar un rato y coger sitio en la entrada del templo para ver salir la procesión.

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Una vez salio el cortejo funerario, entramos en el recinto principal del templo, jugada muy astuta por nuestra parte, debido a que toda la gente estaba viendo la procesión y el templo estaba vacío, lo que nos permitió verlo sin el gentío.

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Tras ver el recinto principal, el altar y la tumba de Tokugawa Ieyasu (prácticamente en el medio del bosque), salimos del recinto principal y nos metemos en uno de los edificios anejos al templo, junto a las torres que albergan las campanas del mismo. En este anejo los sacerdotes guían a los grupos por la estancia, en cuyo techo está la pintura de un dragón. El sacerdote hace sonar unos palos que lleva en la mano, que únicamente hacen eco bajo los ojos del dragón (en ningún otro lugar).

Tras ver esto, nos ponemos en marcha hacia el templo Futarasan, entre los arboles de tanabata que colocan los japoneses en la plaza a la entrada del templo. Este santuario se compone de muchos otros pequeños santuarios aparte del complejo principal. No es de los más impresionantes, pero tiene su punto curioso.

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Tras visitar el templo nos ponemos en marcha hacia el Rinno-ji, pero antes de llegar al mismo, giramos a la derecha para tomar un sendero entre las montañas y llegar a otro templo en medio del bosque (Takino-jinja). Hay que decir que, al haber llovido los días anteriores, la travesía fue algo accidentada, ya que el camino resbalaba mucho. Sin embargo poco a poco conseguimos llegar al templo.

La puerta Tori de roca marca la entrada al recinto, según cuenta la tradición, quien consiga meter una piedra en la ranura circular de la misma, tendrá suerte.

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El templo es pequeño y muy diferente al resto de los de Nikko, sin embargo fue de los que más me gustó. Tras visitarlo iniciamos de nuevo la bajada hacia el Rinno-ji. Este templo también se encuentra en restauración (la segunda de las puertas principales está cubierta por un andamio, pero no estropea la atracción principal del mismo, que es el mausoleo del nieto de Tokugawa y la puerta con los dioses budistas.

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Este fue uno de los pocos templos que tenía indicaciones en inglés, con lo que es bastante «Tourist friendly», el resto de indicaciones en los templos únicamente estaba en japonés.

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Y tras la visita al templo iniciamos la bajada hacia la estación de Nikko. Comimos por el camino (comprando un bento en el supermercado de camino a la estación) y volvimos a Tokio para preparar las maletas para continuar con nuestro viaje por tierras japonesas.

Espero que os haya gustado la visita a Nikko.

Hasta el próximo post!

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